Mi mente entiende, mi cuerpo no…

Por Patricia García

Directora de Entretenimiento de Casa Swinger

“Masturbarse es peor crimen que el suicidio”. Lo dijo Emmanuel Kant, filósofo que no se caracterizó por su altura –de estatura, por supuesto; que de altura histórica… bueno-. ¿Será que sus brazos cortos influyeron en su descripción del auto-placer?

Suele ser normal que luego de horas sin probar alimento o días con una dieta estricta, todo te sabe a gloria. Algunas voces reconocidas en materia de nutrición se han planteado la conveniencia de hacer o no ayunos controlados. Están tan de moda las dietas detox para purificar el organismo que no suena mal extrapolar ese mismo concepto a otro de los grandes placeres de la vida: el sexo.

El Sex Detox es un concepto que planteó el psicoterapeuta estadounidense Ian Kerner, quien considera: “Cuando se trata de sexo y relaciones, a veces entramos en un círculo vicioso y la única forma de salir es empezando de nuevo. En pocas palabras, aparcar la sexualidad durante treinta días es una buena oportunidad para resetea´ nuestro lado erótico.

Muchos defensores del ayuno sexual lo consideran beneficioso para combatir la monotonía y la falta de chispa en parejas que llevan mucho tiempo juntas. También lo consideran positivo para aquellos cuya relación comenzó como fuckfriends, pero ha evolucionado hacia lo sentimental y desean cerciorarse de que existe algo más que sexo entre ellos.

Pero no todas las voces aplauden esta teoría: Francisca Molero, directora del Instituto Iberoamericano de Sexología y subdirectora del Instituto de Sexología de Barcelona, considera que evitar temporalmente el contacto sexual no es la solución para terminar con la monotonía, aunque reconoce que puede ser motivador para las parejas prohibir durante una temporada ciertas prácticas sexuales. En ese sentido, sugiere la abstinencia de coito o penetración, pero no de besos, caricias, juegos, sexo oral. “Es mejor tomarlo como un reto estimulante que como un modo de vida; de este modo, ayuda a recuperar erotismo y misterio en la pareja”, agrega la sexóloga.

Todo lo anterior puede ser interesante y útil para aquellas parejas cuya intimidad se desarrolla entre dos y a puerta cerrada, pero… ¿qué sucede con quienes vivimos la sexualidad de otra forma, sumergiéndonos en una vorágine de intercambio de parejas o en un estilo Swinger en complicidad con nuestra pareja? Acertaste: Eso DEFINITIVAMENTE, no nos funciona.

No sé Tú, pero yo llevo encerrada una cuarentena –literal- de días con sus noches y sin tocar o ser tocada por otra persona que disfrute nuestro maravilloso estilo de vida. Claro, soy responsable y sigo las indicaciones de estar guardada en casa para no encontrarme con el monstruo llamado COVID-19. Me he lavado las manos más veces de las que puedo contar, el cloro se ha vuelto un miembro más de la familia, el cubre-bocas duerme conmigo y sufro con el llanto diario de mi peluda de cuatro patas: Cocoa, que extraña sus paseos diarios. He visto cualquier cantidad de series, películas, realities, he leído más y, por supuesto, puntual a las siete de la tarde escucho el informe del crush de México: Hugo López-Gatell. Como puedes ver, estoy haciendo lo correcto ante la pandemia. El problema aquí es que mi mente entiende, pero mi cuerpo no.

Mi anatomía sufre la abstinencia no sólo de relaciones sexuales, sino de roces, miradas, besos furtivos con alguien cuyo nombre no conozca, de alguna caricia de mano desconocida y, por supuesto, de la excitación que me causa todo lo que envuelve nuestro ambiente y que vivo en total complicidad con el amor de mi vida: mi esposo.

¿Te ha tocado dejar un vicio cualquiera? Si has sufrido por el síndrome de abstinencia, sabrás a lo que me refiero. Por si fuera poco, también siento ansiedad, pues el Virus Maldito, como lo bautizó mi marido en este mismo Blog, me produce un miedo estresante, pero no por la imposibilidad de asomar mis nariz –y todo lo demás- a la vida pública, sino por trabajar en el paraíso que para mí es Casa Swinger, por la economía, por el imparable aumento en las cifras de enfermos y muertes, por el temor de que mi familia y amigos se contagien, por la incertidumbre que, en general, estamos viviendo. Casi siempre, mi cerebro procesa todo lo anterior y logra ganarle la batalla a esos sentimientos, pero mi cuerpo es un ente distinto, un guerrero muy distinto a mi mente e, irremediablemente pierde todas las batallas. Claro, me acaricio a solas e imagino muchas cosas, desafiando la sentencia del filósofo que, de estar en lo cierto, me convertiría en criminal. Pero no es suficiente. Me hace falta la aventura, la conquista, la sorpresa, la novedad, compartir con mi esposo lo vivido mientras nos compenetramos y llegamos al clímax. Ignoro si Tú vives algo similar, pero yo cada día lo experimento más intensamente. ¿Qué haces para enfrentar este embate erótico frustrado? Dímelo en los comentarios, me sería de mucha utilidad pues… incluso mientras escribo, confirmo que mi mente entiende, pero mi cuerpo no.

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